dijous, 18 de novembre de 2010

Agredido por un sacerdote católico.

El contenido de este blog está siendo alterado de forma fraudulenta y ajena a la voluntad del autor, por lo que ofrezco la posibilidad de consultar el archivo agresión.doc en que se encuentra, de momento, el texto original. Muchas grácias.



"Todo empezó después de una breve conversación entre D. Esteban Escudero Torres, entonces Opispo Auxiliar de València, ahora obispo de Palencia, el párroco de Nuestra Señora de la Natividad de Burjassot, D. Miguel Ángel Torres y yo.

En esa breve pero intensa conversación, y muy extrañamente, D. Miguel Ángel Torres me comentó que hacía algun tiempo que "me distanciaba". No venía a cuento de nada y así de sopetón pensé que era un comentario intrascendente - él sabe que soy ateo y siempre lo he manifestado así, sin ninguna duda -. Pero ese comentario no era tan de intrascendente como yo suponía. Al menos, así lo pienso ahora después de examinar sus consecuencias.

Pero entones le seguí la corriente respondiendo, medio en broma, que “el que se distanciaba era él”, puesto que desde que cenamos en mi casa y vimos la película de Woody Allen "Deconstructing Harry" no se había repetido la visita.

Deconstructing Harry tiene un sentido especial entre nosotros. Supone - más por el título que por el guión – la des-construcción del conjunto de creencias...Evidentemente, yo no escogí la película inocentemente, como se puede suponer. Cada uno hacía proselitismo de lo suyo. Siempre con el mayor respeto y utilizando la inteligencia y el razonamineto como únicas armas.

Yo le proponía la poesía y él a mí los dogmas católicos. Yo hacía hincapié más en el mismo verso y la versificación, junto con el tipo lenguaje propio de la poesía que en los contenidos. Las grandes religiones monoteístas – cuyos libros sagrados a menudo estan escritos en verso se centran en los contenidos. En lo que se dice, no en la forma de decirlo. Yo le exponía mi teoría del poder transformador del verso y del lenguaje poético per se, independientemente de los contenidos. Como artista que soy defendía el poder de la forma. De las formas. Incluso de lo que los católicos llaman la «sagrada forma». Por lo visto aquellas conversaciones le parecieron tan interesantes que hasta me invitó a formar parte – como ateo -, de un grupo de discusión religiosa, el Espai Verd, como veremos más adelante. Todo eso duró hasta el 13 de julio de 2010.

Pero volvamos. Estamos a finales de junio. Tanto él como el Obispo comprendieron la esencia del comentario. Concluí afirmando "Realmente es una bella historia de amor", refiriéndome a la relación del sacerdote con la Iglesia y con la religión, que yo he tratado siempre rebatir, desde mis presupuestos ateos, como es lógico, pero también desde el más absoluto respeto. Y siempre he podido comprobar que mis esfuerzos eran inútiles.

Pero esa vez la conversación no acabó ahí, sino que podemos decir que empezó. Empezaron una serie de encuentros imprevistos e inesperados. Me invitó en dos ocasiones a cenar. Y como siempre, hablamos un poco de todo amigablemente. Me sorprendió un poco su actitud “de acercamiento” pero no le dí mayor importancia. Pensé que en pleno verano con todos de vacaciones se encontraba sólo y aprovechaba para reanudar una amistad que siempre ha sido buena pero más bien distante. Nunca lo relacioné, en ese momento, con la conversación que he descrito.

Durante el invierno me invitó, sorprendentemente para mí, a participar en un grupo de discusiones religiosas. ¡Vaya, pensé, por fin me toma en serio! Acepté encantado. Pero me equivocaba. Yo sí que asistía pacientemente a las discusiones sobre la diferentes religiones. Allí acudieron, mormones, testigos de Jeová, budistas, etc. etc. hasta un jefe inca que promocionaba el chocolate que según él alimentaba a los jefes incas de los que se decía decendiente. Pero mi turno nunca llegaba. Espai Verd, es el nombre del grupo que dispone de un Oratorio en esas fincas arquitectónicamente bellísimas y abarrotadas de plantas que destacan en medio de la huerta de Benimaclet en València.

Y finalmente no llegó nunca. Todavía me pregunto para que me llevó D.Miguel Ángel Torres a allí. Aunque tengo mis hipòtesis, no las puedo exponer porque mi relación con el cura ha acabado pero con Espai Verd no. Allí tenemos alguna discusión pendiente y que si no me equivoco será bastante explosiva. De cualquier forma Antonio Cortés, el arquitecto, que 'modera' las discusiones es un especialista. Allí expuse que me parecía una enorme contradicción que la Iglesia Católica propusiera un sistema de vida y una filosofía sexual que conducía directamente a la pederastia y que públicamente condenara a sus mejores hijos. Es decir, a aquellos que más espiritualmente habían llegado al final del camino y se habían encontrado con el «amor griego». Con el amor del maestro al discípulo. Aquello, es cierto, les resultaba insoportable a todos no sólo a los católicos. Algunos – incapaces de entenderlo - lo interpretaban como una burla. Yo nunca lo hice en ese sentido.

Más tarde D. Miguel Ángel Torres me propuso incluso participar en su proyecto de Iglesia-24 horas como representante de los no creyentes, - en este caso del ateísmo marxista - . Tengo que reconocer que con ocasión de la preparación de este evento se produjo algo que encontré difícil de entender. El cura me proporcionó unas fotocopias del movimiento marxista sacadas de wikipedia. Y digo difícil de entender porque él sabía perfectamente que no sólo tengo en casa los seis tomos del El Capital de Karl Marx, sino tambien sus Estudios filosóficos y que los tengo estudiados desde ya hace mucho tiempo. No podía pensar entonces que hubiera un componente irrespetuoso de burla en aquel gesto. Ahora sí que lo encuentro. Al final como siempre, surgia un problema y no se pudo hacer. Según me explicó él mismo por la intransigencia de un participante budista que no aceptaba la participación atea. Ahora comprendo su método jesuítico. Bajo un rostro siempre sonriente y efusivos abrazos cada vez que nos encontrábamos se escondía un auténtico hijo de puta de sacerdote.

Siempre me llamó también la atención lo efusivo de los abrazos. Siempre en la calle. En privado nunca. Me parecía algo exagerado. Eso también me llamó en algún momento la atención. Me parecía una actuación de cara a la galería. Como pretendiendo que mi 'acercamiento' a la realidad religiosa – necesariamente católica en nuestra sociedad civil y vecinal -, tuviera un coste digamos político. Un coste de rechazo por parte del vecindado de procedencia obrera y anticlerical con el que siempre he simpatizado por otro lado. Pero esas ideas iban y venían. Se paseaban por mi mente. Un día me parecían ciertas y otro fantasías mías. Todo se terminó, sin embargo, con la visita a su finca en Bétera el día 13 de julio de 2010.

Allí me esperaba un acontecimiento insólito. En cuanto ví como cerraba las puertas metálicas de la finca sentí que aquello no iba por buen camino. Antes de entrar me hizo un comentario extraño : "El perro es de mi hermano, que es Policía Nacional al servicio de la Casa Real." No venía a cuento de nada y pensé que incluso podía ser un comentario que a mí -ni a nadie - interesaba ni siquiera conocer. Al menos que lo hubiera dicho con alguna intención. A posteriori, comprendí que muy bien podría tratarse de una especie de prólogo o dedicatoria - incluso de sutil amenaza - para lo que iba a ocurrir a continuación. Podría haber sido todo un accidente, una casualidad. Pero las circunstancias que concurrieron me hacen pensar que no. Que no fue casual la agresión.

En primer lugar D. Miguel Ángel Vives en ningún momento me advirtió de la peligrosidad del animal que guardaba la finca que íbamos a visitar. "Me voy a darle de comer a un perro que tenemos en Bétera, ¿Te vienes?" Me espetó en un encuentro - ¿Casual? -. ¿Haciéndose el encontradizo?... en el trayecto habitual y casi diario que hago para acercarme a la biblioteca de Burjassot y que pasa por delante de su despacho en la parroquia.

Me dí cuenta cuando ya estaba dentro del recinto. También me dí cuenta de que aquel lugar no era el lugar adonde se lleva a un amigo. Percibí una sensación extraña cuando cerró con llave las puertas metálicas de la finca. Me sentí encerrado. Como prisionero. El comentario de hacía unos segundos sobre su hermano y dueño del perro el Policía Nacional al servicio del Rey se me hizo gigantesco y como amenazador.

Yo nunca he ocultado mi condición de republicano. Siempre he acusado a la Casa Real de ser la responsable del baño de sangre que salpico a España en la Guerra Civil. La salida de Alfonso XIII fue un "me voy pero volveré, no importa la sangre que haga falta derramar". Exactamente lo mismo que hace ahora Gadafi con su pueblo libio.

Además anteriormente incluso fui torturado en la Jefatura Central de Policía de València cuando acudí allí desesperado por la muerte, en circuntancias violentas, de mi hijo Nacho Bernal Romero. Torturado psicológicamente. Sin dejar huellas. Sin posibilidad de denuncia. La tortura perfecta. La postura oficial de mi familia fue hacerme sentir culpable de su muerte. No le has hecho ningun caso! Me soltó la madre en las breve conversación que mantuvimos con ocasión del accidente. Nacho era el único de mis hijos que pasaba por mi casa a verme de vez en cuando. Es curioso. Hasta su novieta me gritó en otro encuentro - ¿casual otra vez? – soy muy rutinario en mis costumbres y es muy fácil adivinar dónde voy cuando voy a la playa o a la mayoria de los sitios - en la playa donde iba casi todas las tardes : ¡Le viste que iba a por droga! Cierto, le vi una vez con el vespino por el famoso camino de la droga de Campanar-València. Como a tantos chavales de su edad. Ella iba detrás y me vió haciendo footing. Y yo los ví y se me encogio el alma. Pero cierto, no dije nada.

A las ocho de una mañana me despierta mi hermana Rosa con estas palabras ; “Nacho está muerto”. En la Jefatura y sin venir a cuento, un inspector me pregunta : “¿Sabe Vd, de qué color tenía el pelo su hijo?” En el fondo me vino bien tanta crueldad. Las lágrimas me refrescaban. La crueldad me salvó posiblemente de la locura. Me hizo mucho más soportable tanto dolor. Los psicólogos sabran porqué. Yo lo desconozco.

Pero volvamos a mi visita a la finca con mi 'amigo' D. Miguel Ángel Torres.

Ya dentro de la finca procuré distanciarme del animal. En cuanto lo vi se confirmaron mis temores : aquello no era un pastor alemán. Aquello era una fiera de pastor alemán. Nunca llegaré a imaginarme la peligrosidad real de aquel animal. Esperé lejos a que me reconociera y se calmara. Acojonado. Cierto, estaba acojonado. Pero como en los momentos difíciles en los que sabes que te lo juegas todo. Y que depende tu superviviencia de lo que hagas, puse los cinco sentidos seguramente como no lo he hecho nunca en la vida. He estudiado etología con Lorenz y tengo algunas ideas acerca del comportamiento animal – lo cual me ha servido en no pocas ocasiones para obtener buenos resultados en situaciones difíciles incluso con los animales humanos -. Lorenz explica que en situaciones de conocimiento nuevo e intempestivo se valora infinitamente la tranquilidad. Es decir, que el recién encontrado no perciba signos ni verbales ni no verbales, ni el menor ápice de muestra de temor o agresividad.

Ambos sentimientos - temor y agresividad - son procesados de la misma manera por ese cerebro profundo de origen animal que ponemos en funcionamieno en situaciones de peligro. A ese sentimiento de seguridad, de tranquilidad - el animal percibe que no temo nada de él y que él no tiene nada que temer de mí -. Se puede añadir un toque de elementos de sumisión. Lorenz también enumera una serie de movimientos corporales destinados a mostrar ante un animal desconocido que debe sentirse superior y por lo tanto ahuyentar cualquier atisbo de agresividad o temor por su parte. El mayor y más eficiente de estos es descubrirse y mostrarle al animal el trasero desnudo. Agachado y mostrando el culo desnudo es difícil que ningún animal ataque. Igualmente es importante la lentitud de los movimientos y el 'mantener las distancias'. La cosa salía bien. Conseguí que el animal me reconociera pausadamente y se me fuera acercando lentamente. Todo muy positivo de cara a evitar un posible ataque.

Cuando el animal estaba ya a mi lado pacíficamente observé en D. Miguel Ángel Vives una postura extraña. Estaba ya algún tiempo agachado haciendo como que ponía la comida del perro pero con la cabeza mirando hacia mí. Cuando ya por fin le puse la mano encima para acariciarlo y el animal parecía acercarse mansamente el cura lanzó un grito. Inmediantamente el animal se abalanzó sobre mí mordiéndome en el brazo y la pierna. Me quedé totalmente a merced del animal. De nuevo puse en funcionamiento más mecanismos defensivos. Fundamentalmente consistieron en mantener todavía mejor si cabe la calma mientras el animal mordía evitando cualquier acción violenta – o repeler el ataque o simplemente huir - que habría provocado más violencia y contundencia en el ataque.

Conseguí mantener la calma hasta que el animal dejó de atacarme por su propia voluntad. Cualquier acción violenta por mi parte me hubiera resultado fatal. Esto quizá es lo que esperaba el cura que no dijo ni hizo nada para detener el ataque del animal. Hasta que le dije "¡Por favor Miguel Ángel haz el favor de llamarlo!". Fue en ese momento cuando le llamó. El perro ya me había dejado de morder por su propia iniciativa. Mientras me mordía incluso ese grito desesperado me podría haber resultado fatal.

Había presentido el peligro pero me equivoqué de fiera. La fiera no era aquel solitario animal que guardaba la finca. Sino otro animal, tambien solitario, en medio de la animada movida parroquial. El cura. Solitario interiormente desde el momento en que yo le demostraba que toda la parafernalia eclesial que sostenía sus creencias y su vida eran como el humo. Que ascendía hacia el cielo muy piadosamente pero se difuminaba al poco por su falta de consistencia.

Que mi ateísmo poético y espiritual – que por cierto ni él ni yo sabíamos cómo definirlo – es más consistente que todas sus creencias. Y aquello lo pudo soportar. Pero sólo hasta aquel 13 de julio. Aquel día pienso la tensión fue superior a él. Aunque tampoco se puede decir 'aquel día', porque la agresión fue cuidadosamente planificada. Seguramente desde el día en que me dejó caer esa absurdo “parece que te vas distanciando” en compañía del Obispo de Palencia.

Considero que el ataque fue provocado intencionada y premeditadamente por un sacerdote católico, D. Miguel Ángel Torres y atribuyo el ataque exclusivamente a mis creencias ideológicas y religiosas. De nuevo y a posteriori reflexioné sobre la conversación que desencadenó esa extraña conducta amistosa y que como ya dije al principio tuvo un testigo de excepciòn, el actual Obispo de Palencia.

¡Qué ocurrió en esa brevísima conversación para romperle los esquemas a un hombre tan capaz e inteligente como párroco y como director del Colegio de la Inmaculada Concepción de Burjassot? Se me ocurre pensar que ese “me iba distanciando” que para mí no venía a cuento de nada, posiblemente para la pareja de eclesiasticos ya tenía un sentido muy claro en función de la conversacion que hubieran estando manteniendo mientras se me acercaban.

¿Que le habría comentado el cura al Obispo para encajar lógicamente la pregunta que me hizo? ¿Que tan grave fue mi respuesta – que yo juzgué intrascendente – en función de ese comentario previo? Lo primero que se me ocurre pensar es que mi respuesta destrozó los supuestos que se tenían que confirmar de acuerdo con la conversación previa. Vamos que dejé al cura delante del Opispo como un mentiroso. Eso no hubiera ocurrido si mi contestación no hubiera sido tan contundente. Cualquier otra contestación, digamos más ambigua y menos significativa, hubiera podido encajar con lo que supuestante estarían comentando anteriormente a mi encuentro. Es decir, que iban a encontarse con un feligrés que últimamente no era tan asiduo a las funciones religiosas como antes. Algo absolutamente falso.

Ahora se abre una segunda pregunta cuya respuesta puede invalidar la primera suposición. ¿Para qué quería el cura párroco hacerle creer al Opispo que se encontaría con un feligrés “que se distanciaba”, cuando la realidad perfectamene conocida por el cura Miguel Ángel Torres era mi condición de ateo 'recalcintrante'? La respuesta a esta pregunta puede encajar moviendo ligeramente las fichas del puzzle. Y ahora aparece algo nuevo en relación con una situación anterior que ya se ha mencionado más adelante. Mi asistencia a los encuentros del centro interreligioso Espai Verd de la calle Hipólito Pérez de Benimaclet en València. Y viene a confirmar una sospecha que tuve en algun momento en ese centro pero que deseché por absurda.

Mi sospecha era que mi invitación al centro no era para participar en unos acto de encuentros religiosos ni que en ellos tuviera ocasión de exponer ninguna idea de la ética y de las religiones desde mi punto de vista ateo. Sino intentar hacerme comulgar con alguna de las ideas religiosas que alli se iban exponiendo semana tras semana. Es decir, invitarme haciéndome creer que podría ir allí como pastor del ateismo cuando en realidad lo que pretendía D. Miguel Ángel - no sé si con la complicidad de alguien más aunque sospecho del director de los encuentros un arquitecto familiarmente perfecto y fanático antiabortista, recuerdo que cuando se presentó le solté “amigo mío, solo te falta la querida...” : aquello cayo como una bomba, lo recuerdo perfectamente; pero era la primera reunión a la que asistía y tenía que presentarme a aquel conjunto de meapilas – era convertirme en un borrego más. No importaba de qué rebaño. Después vendría una segunda parte. Una segunda conversión a su redil. ¿Fue aquella una 'misión imposible' en la que tuvo algo que ver el casualmente encontrado Obispo de Palencia? Nunca lo sabré . El hecho de que un pasara en un seminario marista los mejores años de su formación pueden explicar algo. Esa es otra historia que también explicaré en otro momento. Porque también fue accidentada. Como botón de muestra sólo recordaré como nos explicó el Hermano Superior que los que abandonaban la vida religiosa tenían gran riesgo de suicidio. Y mi hermano realizó un intento de suicidio al año de mi salida del seminario. Saltó desde un sexto piso gritando ¡Quiero ser libre! Más adelante explicaré el acoso que sufrió para entrar en el seminario marista después de mi salida. Y el tratamiento psiquiátrico 'silenciador' a que fue sometido después para invalidarlo como persona. Por si acaso. Sí, mis relaciones con la gran «araña negra» siempre han sido problemáticas. Y lo continuarán siendo.

Recuerdo como el arquitecto llegó a decirme en una ocasión “¡Fíjate si parece que por tu boca habla el mismísimo Espíritu Santo!” Yo no sabía si reirme o llorar. ¿Me estaban tomando el pelo? Aquella ocasión fue la que me hizo ver con claridad que yo allí no tendría nunca ocasión de decir nada. El grado de fanatismo de aquella gente que en principio parecía tan democrática e 'interrreligiosa' quedaba en evidencia. Con ocasión de las campañas antiabortistas quedo confirmada mi sospecha. Y fue entonces cuando les dije que lo que hacían era un tsunami de hipocresía. Que les importaba un comino la vida ni la felicidad de las madres. No me contestaron el e-mail. La contestación, como se ha visto, fue ponerme delante de las fauces de una fiera – poco apostólico, pero muy romano, ciertamente -. Y descubrí también que D.,Miguel Ángel Torres con toda su Iglesia-24 horas y sus movimientos intereligiosos es un fundamentalista de cuidado. Especialmente peligroso porque parece todo lo contrario. Y lo hace muy bien. Da el pego.

Yo no cambio mis armas. Los he de destrozar con la inteligencia y el amor. Y ellos lo saben. Que es cuestión de tiempo. Yo también sé que se repetirán los ataques. Es la forma del fanatismo de cualquier creencia religiosa o no. El sentimiento de impotencia de saber que no pueden nada porque mi moral y mi filosofía de vida son una coraza indestructible. Y mis argumentos son como misiles que disuelven como azucarillo cualquier muralla.

Físicamente he quedado tocado como luego explicaré. Pero feliz de pertenecer a un colectivo históricamente importante : el de los castigado a causa de sus ideas. Aunque insisto, yo no tengo vocación de Ovidio, ni de Sócrates, ni de Jesucristo.

Siguimos con lo sucedido aquel 13 de julio de 2010.

Después me invitó a comer. Como si no hubiera pasado nada. Ni me preguntó en ningún momento por las heridas. Ni por supuesto una palabra de condolencia.Un «lo siento». Nada, absolutamente nada. Exactamente, como si no hubiera pasado nada. Como si lo que había pasado fuera la cosa más natural del mundo. Yo pensaba proponerle ir a un centro para curarme. Pero ante su indiferencia preferí quedar a la espectativa. A ver que pasaba. Yo alucinaba. Ni se interesó ḿínimamente por las heridas, por lo que había pasado. Toda la comida con el brazo mordido y ensangrentado encima de la mesa. Comprendo que resulte increïble, pero así ocurrió. Intencionadamente no pasé al aseo para lavarme.

Un detalle aclarador. Ya de vuelta pasamos por delante del Club Español de Tenis en Rocafort y le comenté que habia trabajado allí y que había sido víctima de mobing. No se me olvidará nunca la respuesta.. Como si la estuviera oyendo ahora mismo después de un año. “Es que eres muy original”. Me dijo el cura. Alli quedó al descubierto. Me dió la respuesta exacta de un acosador, de un maltratador.

Al despedirnos le pregunté ¿Tú qué harias Miguel, voy a urgencias a que me miren las heridas? Obtuve la respuesta más confusa e indiferente que se puede dar. Absolutamente nada. ¿Se quedó defraudado por la levedad de las heridas? Durante la comida le miraba fijamente y en algun momento me pareció estar con otra persona, ciertamente. El me miraba fijamente pero con una indiferencia total. Nunca le había visto una expresión tan inexpresiva. Como supongo que deben miran los terrorristas a sus víctimas. Toda la comida con el brazo herido encima de la mesa. No lo limpié intencionadamente. Y como si nada. Increíble pero cierto. Ese era el amigo que me había presentado al centro interreligioso. El amigo que me había invitado a cenar. El amigo que había estado cenando en mi casa anteriormente. El cura párroca de Nuestra Señora de la Natividad de Burjassot. El cura que me propuso participar en la Iglesia-24 horas como representante del ateismo. Un lobo con piel de cordero.

Por la noche acudí al hospital. Siempre he pensado que me estaban esperando. Aunque parezca increible ni me miraron las heridas. Me pusieron la vacuna antirábica unas recetas y a casa. Comprendo que resulte increible pero es cierto. Las heridas ni las miraron. Es más, la doctora que me atendió no correspondía a la que firmó el informe. En su placa pude ver “Dra. Millan”, que para mi sorpresa no era el nombre de la doctora que firmaba el informe. En la práctica esto ocurre algunas veces. He trabajado en un hospital y lo sé. Además es justificable en función de la asistencia a otra urgencia. No es persegible como delito. Como tampoco lo es que te dispensen el antibiótico Augmentine una noche de julio con 30ºC de temperatura ambiente. No tendría mayor importancia si no fuera porque a los dos días leo en el prospecto que el antibiótico debe conservarse en la nevera a 5/10ºC de temperatura. Pero nadie te avisa. Tampoco rellenaron el formulario con los datos del animal agresor. Ni me preguntaron nada de nada. Como si ya lo superan todo.

Como digo he trabajado en un hospital. Fue mi trabajo más duradero : 20 años. Nunca me presté a apaños con los muertos ni con las funerarias, ni con las placentas ni con los recién nacidos. En algunos trabajos ser honrado es un lujo que no está bien visto. Me toleraban porque lo veia todo pero nunca denuncié nada. Otros fueron asesinados. Estan en el olvido. Nadie se preocupa por un celador asesinado. O por un preso.asesinado. No son noticia. A lo mejor se destapa ahora con lo de los recien nacidos 'desaparecidos' para la adopción fraudulenta. Yo solo puedo decir que cuando pasan esas cosas en un hospital todos lo saben y los que pueden, ponen la mano por lo que pueda caer. Se maneja mucho dinero. Que no vale decir ahora “yo no lo sabía”. Todos lo saben. Pero en un hospital hay sobre todo corporativismo. Yo nunca enuhcié nada pero todos sabían cono pensaba. Y como suele pasar el ambiente continua caragado hasta que alguien lo descarga. siempre hay alguien más 'decidido' – o que simplemente está un poco más loco -. Y llegó la agresión en el mismo hospital La Fe de València. En los mismo quirófanos del Centro de Tarumatología y Rehabilitación. Me presenté al Jefe de personal con el traje destrozado. Ni caso. Me marché. Dejé mi plaza de celador en propiedad, por oposición. Mi trabajo fijo. Nunca lo he hecho público hasta ahora. He tenido miedo. Y aún lo tengo pero ha llegado el momento de contarlo. El jefe afiliado de UGT, para más detalles. Yo tambien afiliado a UGT, para más detalles. Mis padres han muerto sin saberlo. Me dijeron de todo los pobres, cuando les dije que me había dejado el trabajo. No me arrepiento nada. No sé como habría acabado allí si se me ocurre ir a urgencias y denunciar la agresión de un 'compañero'. Algun buen compañero me visitó en casa intrigado con la excusa de entregarme alguna documentación. No se lo explicaba. Ahora tambień la recuerdo con afecto. Lo he visto después casualmente. Me alegró comprobar que siempre fue y será una gran persona.

En cuanto a los recién nacidos robados a sus padres, a veces sospecho que son los mismos grupos mafiosos los que destapan ahora el asunto para beneficiarse del entramado de indemnizaciones millonarias y el negocio que se genera con las reclamaciones y con sus propios abogados. No hay nada tan perverso y eficente a la vez como la denuncia del propio grupo mafioso. (La Junta de Andalucía lo sabe muy bien con los ERE. Las investigaciones las pueden canalizar convenientemente sus propios abogados en función de la aportación de documentos y pruebas. Y no hay nada que aparente tanta inocencia como decir rasgándose las vestiduras “¡Sres. pero si soy yo el que ha denunciado!”. Pero una jueza en Andalucía ha sido mas lista. Ojalá me equivoque pero la experiencia me dice que en estos casos habran muertes, o suicidios o accidentes...)

Cierto, también tengo enemigos importantes en el mundo de la sanidad. La gran «araña blanca». Pero esa es otra historia. Y no voy a ser yo el que la cuente. Deseo acabar mis días en paz. Aunque eso como se ve será bastante dificil.

Pero volvamos a la agresión. Después vino la depresión. Me fui a Mallorca para huir de su presencia y cuidarme un poco mejor. Los problemas circulatorios – ¿a causa de la medicación? La falta de concentración y de memoria. Las hinchazones, con dolor, en piernas y manos. Hormigueos y dolor de pinchazos en las manos y pies. La sensación continua de cansancio. Los desarreglos intestinales. Y todas las secuelas físicas y psicológicas que todavía arrastro. Aquello me hundió moralmente. Y lo peor de todo. Me hizo desconfiar finalmente de los servicios sanitarios. De los amigos. No sigo ningun tratamiento. No tengo posibilidades de denunciar nada, Ni de probar nada. No tengo confianza con nadie. Si alguien se me acerca pienso que me va a joder. Sólo me queda esperar. Esperar otro ataque .Y que no me pille confiado. Y hacerle pagar por todo. Esa es mi única esperanza. Y para eso me preparo. Psíquica y físicamente cada día. Como un boxeador para el día del gran combate. Y también, como el boxeador, sin odio. No quiero dar la victoria por anticipado. Voy a vencer porque no respondo al odio. Él sabe que está derrotado de antemano. Porque mis armas son amor e inteligencia. No quiero ni pensar que pueda ser cómplice de otros intereses : estoy esperando la resolución de una suculenta herencia de mis padres... De paso también me preparo para lo que me pueda venir por ese lado – que sin duda vendrá algo -.

Una familia de fascistas que hace todo lo posible para que la oveja negra – negra y roja - no llegue a percibir ni un euro. No pueden soportar que quien los ha denostado en vida obtenga beneficios de su muerte. Hacen bien. Yo haría lo mismo. Pero esa es ya otra historia. La historia de una familia de fascistas y falangistas que no consiguen que su oveja más lanuda vuelva al redil. Aunque lo intentan todo. Ya lo contaré otro día.


1 comentari:

XiscoBernal ha dit...

Ha intentado saludarme varias veces. Con una era más que suficiente. Pero ayer no se retiró como las veces anteriores al comprobar que no deseaba intercambiar ningún saludo con él. Ayer me dijo algo y la palabra "Señor" que es lo único que oí. Lo que sí pude percibir es el tono entre burlon y desafiante. 07.04.2011.